La vocación de las ramas de dar mucho fruto
Llamada
Reconocemos las exigencias de la ley que está escrita en nuestros corazones cuando concurrimos con la verdad y el bien a pesar de las dificultades e incertidumbres, a la luz de la razón, con la influencia secreta de la gracia, afirmando el valor sagrado de la vida humana que supera cualquier expectativa desde es el principio hasta el final, porque "el amor no hace mal al prójimo" (Rom 13:10).
Desde el Monte Sinaí, con la Ley inscrita por el propio dedo de Dios en tablas de piedra, y el Monte de las Bendiciones, recibimos responsabilidades hacia Dios y hacia los demás, con una madurez creciente y libertad espiritual.
La Ley del Sinaí rechaza el mal indicado en ellas para mover al hombre hacia el más grande de los Mandamientos, en el camino del amor que cumple la Ley sin abolirla.
En la elección entre el bien y el mal, entre la vida y la muerte, la fe en Jesús lleva a creer en su Palabra sin ceder a las tentaciones del mal.
Jesús proclama las Bienaventuranzas y las vive, trabajando por la paz incluso cuando es perseguido; seguirlo a Él parece sobrehumano pero, en nuestra debilidad, Él manifiesta perfectamente el poder de su gracia.