Responsabilidad de responder
Responsabilidad
El camino hacia Dios por fe es un valor sobrenatural.
Pedro siente la responsabilidad de responder, pero por prudencia pide una orden a Jesús, que le invita a no tener miedo; “Ven” es la aprobación que espera Peter para asumir la responsabilidad de su acción voluntaria.
Las adversidades del mundo llevan al miedo y a nuevas dudas, pero la fe puede hacer que la gente grite "¡Señor, sálvame!" (Mateo 14:30) y hacer sentir el ánimo de Cristo, porque el viento de la prueba puede amainarse sólo con esperanza y confiado abandono en Jesús.
La obediencia a los mandamientos del amor cumple la obra del Padre por la primacía del servicio, buscando con toda virtud y responsabilidad el propósito de la vida, no en el poder sino en la paz, con una conciencia sincera y fiel a la verdad.
La ilusión de sentirse el propio centro y norma lleva a justificarse, contamina el corazón con malos hábitos o intenciones y se opone a la voluntad de Dios, rechazando o incumpliendo su ley.
Solo en el corazón sincero se funda la relación con Cristo por buenas intenciones y compromisos: el fariseo se engaña a sí mismo para observar la ley sin necesidad de gracia y misericordia, mientras que el publicano ora sin restar su responsabilidad y, sintiéndose frágil e indigno frente a la santidad de Dios, se reconoce necesitado de justificación.