Castidad, modestia y autodominio
Dominio
La lujuria ocurre incluso si la voluntad se opone. La conducta no sería objeto de valoración moral, pero la conciencia intelectual puede formar una obligación moral, aceptando las razones y fijándolas en disposiciones para adquirir una conducta espontánea, en el cual el hombre de buena voluntad confía para seguir el verdadero bien moral.
La humildad subordinada a la verdad se abre a la visión suprema; tal hábito debe vestir el cuerpo frente a la felicidad, para que no sea reemplazado por la voluptuosidad, que impide la posibilidad y la necesidad de amar. Con respecto a las leyes naturales, la castidad respeta el cuerpo y su dinamismo, obteniendo plenitud expresiva al servicio del bien.
Solo el amor verdadero puede absorber cualquier vergüenza; para evitar la frustración y la renuncia, el control de la lujuria conquista la conciencia y la voluntad.
Ni el imperativo ni la razón práctica, dada por la voluntad, explican la determinación del deber moral, que abre la dignidad de percibir la verdad sobre los valores buenos y justos que motivan a actuar para realizarlos.