El amor llama desde las profundidades
Amor
La imitación de Cristo conduce a la obediencia para hacer la voluntad del Padre y muestra la belleza liberadora de una dependencia filial y no servil, rica en un profundo sentido de responsabilidad y animada por la confianza mutua, como reflejo de la armonía amorosa de las tres Personas divinas.
Cada generación tiene una tarea que realizar con nuevo ímpetus y nuevas motivaciones, sin confundir la dedicación con el grado de bondad de los resultados.
El amor llama desde lo más profundo del propio ser a la obediencia consciente, educando y formando una libertad responsable.
La Iglesia crece gracias a la obra gratuita del Espíritu, y el siervo indigno está confiado a la libre humana responsabilidad "gracias a la Gracia misma de Dios" [1].
[1] Ioannes Paulus II, Adh. ap. Pastores dabo vobis, n.59.