El don del amor mutuo
Regalo
El don no transfiere posesión, ni crea dependencia, sino que exalta y ennoblece a la persona, que puede entregarse si puede ejercer la plena libertad, responsabilidad y compromiso sobre sí mismo con actos para el bien y la felicidad del amado.
El don total de la propia acción es auténtico si asume la responsabilidad y el cuidado del bienestar del otro como norma moral.
La plenitud psicológica del amor exige una moralidad madura, plena y virtuosa, porque el acto enfatiza el valor fundamental de la persona, que se desarrolla desde la naturaleza y se expresa afirmando la caridad.
Por naturaleza, la persona es dueña de su ser inalienable e insustituible, pero se realiza en el deseo de entregarse al amado, dejando de pertenecer exclusivamente a sí mismo.
El amor que renuncia está convencido de no empobrecerse, es éxtasis, sale del ego y encuentra crecimiento personal en el otro.
El don de uno mismo no se puede comunicar de otra manera y tiene pleno valor con el trabajo del libre albedrío.